sábado, 5 de mayo de 2012


… llegue cuando todo había comenzado ya, de hecho nadie recuerda absolutamente nada del principio, se dicen varias cosas al respecto, hay muchas contradicciones sobre lo que parece ser una sola situación. Infinidad de cuerdas penden en el vacío, no se miran los extremos de donde están sujetas, líneas invisibles en las que caminan o se cuelgan todo aliento, cada ser y las esperanzas, pobladores de esto que llamamos vida. Lo dicho, algunos avanzamos colgándonos, otros han dominado el paso firmemente y andan sin miedo sobre la cuerda, incluso brincan de una a otra a placer; hay quienes agarran varias cuerdas a la vez y las mecen con violencia, ya sea que estén debajo o arriba de la suya, no importa, han aprendido a controlar con un puñado de cuerdas, el vértigo de los demás. En ocasiones, alguien decide unir su cuerda a la de otra persona y después se van sumando otras a esa unión, es como un nudo que va recorriéndose a lo largo de días y noches, abarcando muchos cambios de estaciones, eventos premeditados y naturales, pero en un momento dado todas las cuerdas se vuelven a separar y quedan deshabitadas. Tristes se miran las cuerdas de las que oscilan cabezas, cuerpos de títeres, almas en pena, gente que no sueña aunque duerma, mas nunca duermen y tornan su vida en patética tragedia, que los espectadores juzgan con indiferencia, rimbombantes e insulsas farsas entretejiéndose por las cuerdas.

Algo pasa sus dedos sobre las cuerdas, caótica e indefinible esencia, tal vez no sea nada, pero suena…

miércoles, 2 de mayo de 2012


Vi directo a los ojos del sol,
un prodigio que se repite con poca frecuencia,
magia para una infancia tranquila.
La noche venía de prisa, a mis espaldas,
casi la pierdo de vista al querer anticiparla,
no se puede retener un momento;
increíble visión en la bóveda espacial,
ardiente contorno de un infierno negro,
la luna trajo consigo una noche fugaz,
contener un suspiro, evitar un parpadeo,
astros ocultos por la luz, aparecen un santiamén,
la naturaleza en su cronología confundida,
durmió unos segundos en la alteración,
actividades nocturnas alrededor de la tarde,
aquel día que tuvo un par de noches.

viernes, 27 de abril de 2012


Y la sombra le seguía…
para todos lados, a toda hora; desde que tiene uso de razón recuerda a la sombra pegada a sus pies.

Y la sombra le seguía…
e intentaba escabullírsele, sin embargo descubrió que sólo en la obscuridad la sombra se perdía.

Y la sombra le seguía…
la cuestionó acerca de esa incesante persecución, pero la sombra no tuvo la cortesía de contestarle nada.

Y la sombra le seguía...
la sombra escupe, vomita, orina, alza cosas, abraza, anda en bicicleta, se viste también, pero siempre usa ropa a la moda sombra. En fin, la sombra tiene acciones, no emociones.

Y la sombra le seguía…
le propuso hacerse sombra de otra cosa, pero cada objeto tiene su propia sombra.

Y la sombra le seguía…
le parecía tan familiar que cambiaron de roles, entonces pensó en escapar de si mismo, sin embargo entendió la falta de autonomía que sufre una sombra.

Y la sombra le seguía…
hasta en sueños; despertó, la sombra dormía debajo de él, se levantó sin hacer ruido, dejando a la sombra sumida en sus propios sueños.

Y la sombra le seguía…
fastidiado de que le copiara en todas sus acciones, intentó golpearla, pero se hizo daño él solo.

Y la sombra le seguía…
contrató a una pareja sexual, se metieron en un callejón oscuro, por lo tanto la sombra no fue partícipe de ese coito sombrío.

Y la sombra le seguía...
a veces borracho, encima de ella caía.

Y la sombra le seguía…
una vez entró a un salón de baile, agarró pareja, su sombra bailaba con la sombra de ella, también con otras, en una fantástica orgía de sombras. Por cierto, a las sombras no les duelen los pisotones.

Y la sombra le seguía...
cuando se casó, en la noche de bodas, las sombras no hicieron caso del letrero de "No molestar", colgado en la puerta.

Y la sombra le seguía…
al nacer su primogénito, descubrió que los niños no traen torta bajo el brazo, solamente nacen con su sombra.

Y la sombra le seguía…
resignado, comenzó a charlar con la sombra, mejor dicho a monologar, la sombra resultó ser una excelente escucha.

Y la sombra le seguía...
al paso de los años, le resulta molesto descubrir que la sombra no se encorva ni parece tan cansada como él. Además, a ciertas horas del día, le supera en estatura.

Y la sombra le seguía…
por fin entendió que nunca se desharía de su sombra, quien es algo así como un ángel de la guarda, oscuro y silencioso al extremo, inseparable, compatible con la luz natural y artificial. 
Prosiguieron su vida unidos por los pies.

Y la sombra le seguía…
dentro del ataúd, pero ya nadie se da cuenta de ello. La sombra soporta el peso del cuerpo durante la desintegración; luego la sombra también muere.

lunes, 23 de abril de 2012

Apuntes II

La mentira es una verdad ficticia.

Un chiste que se tiene que explicar, no tiene chiste.

En un viaje, cuyo trayecto comprende tres calles, el silencio es la mejor cortesía entre Taxista y pasajero/a.

La distancia de un recorrido es inversamente proporcional a la incapacidad de la Mamá, para lograr que su hijo malcriado deje de hacer berrinche.

¿Cómo es posible ver que un motor huele a quemado?

Me caen bien los pasajeros/as despistados que me hacen darle la vuelta a una cuadra, porque creyeron ver a un conocido "ahorita que pasamos por allá atrás". No era, pero se parecía mucho. Y luego sueltan toda la historia de esa persona.

Pasajera -En la esquina, de vuelta para "allá", no vaya a dar vuelta para "acá", porque ustedes los Taxistas, siempre se equivocan.
Chafirete Ruletero -¿Izquierda o derecha, señora?
Pasajera -No, nada más para "allá".
Chafirete Ruletero -(Nota mental: lo más probable es la derecha)
Pasajera -¡Oiga, era para el otro lado! ¿¡Usted tampoco sabe diferenciar entre "allá" y ¨"acá"!?

-¿Qué haría usted si en su Taxi se muere un pasajero?
-Lo bajo, porque no puedo transportar muertos y además ¿quién me va a pagar?

-Se encuentra usted en excelente estado de salud... pero hemos determinado que no es apto para conducir un Taxi.
-¿Por qué?
-¡Porque le hace falta un brazo!
-Le juro que no voy a tratar de abrazar a ninguna pasajera.

Dios me manda todos los días a la calle, a servir a sus hijos: mis hermanos. Lo malo es que últimamente no tengo muchas ganas de salir a trabajar.


…el amor de Omar no mora en Roma, ni es aroma de ramo…


Poco a poco va encerrándose uno en si mismo, con sarcasmo, con cinismo; buscando empatías, causando antipatías, se llega a la apatía y acaba uno por convencerse de que no es tan malo estar solo, aún rodeado de algunos lazos afectuosos incondicionales. Amor, cariño, afecto, son conceptos que no definen realmente un sentimiento, tampoco la costumbre o el tiempo; lo verdaderamente satisfactorio, pero difícil de lograr, es poder sentirse bien bajo cualquier circunstancia, cuando uno lo desee.


…a la orilla de un deseo…
…llevando al límite la posibilidad más improbable…
…hasta que el silencio en verdad se calle…
…una quietud que mueve a incertidumbre…

viernes, 20 de abril de 2012


Eugenia arrastra el olvido, de lo que fue su universo nada más le queda un pequeño pedazo de calle. Lleva largos días recorriendo ese tramo de asfalto, de un lado a otro, como presa, pasos firmes y exactos, sin traspasar las esquinas. Eugenia, mujer de la calle, que a nadie se vende, ni nadie reclama. Pernocta en la banqueta, durante las tardes toma un descanso de su ir y venir machacante, en los quicios de las puertas. Su presencia es, a la vez, importante e imperceptible, como un árbol retorcido, un montón de basura, una ventana rota, una luminaria fundida, una capa de hojas secas tapizando los autos; Eugenia es parte del mobiliario animado pero mudo, de aquel microcosmos citadino, donde ejecuta, con mínimas alteraciones, sus ciclos circadianos.
Nubes deshilachadas, pretenden disminuir la imponencia del infinito celeste un día cualquiera, pero no tienen fuerza para resistir al viento ni logran reunirse para amenazar a la Ciudad y Eugenia maldice porque no lloverá; la desnudez de la Jacaranda no puede darle sombra, pero a pesar de eso, ella siente frío al mediodía y sin aviso, su mente se pierde en el espejismo de recuerdos que creía perdidos.
Una niña con las rodillas raspadas y las manos llenas de tierra, abrazando fuertemente una muñeca, corre hacia su casa cuando escucha que Mamá le grita; se acerca la lluvia y por primera vez la sorprenderá fuera, corre huyendo de algo que no conoce y que al parecer no es bueno, pero al sentir las gruesas gotas golpeándola de pies a cabeza, la incertidumbre se convierte en risa pues el frescor del agua le produce dicha. Deja de correr y avanza lentamente, permitiendo a esa alegría que amaina y arrecia, le moje completa.
Una hermosa joven, ávida de vivir, se baña en un río, por momentos se deja llevar por la corriente, el agua cristalina no oculta su cuerpo, con descaro algunos y con indiferencia otros, la miran, mientras ella sólo ve hacia el techo inmenso que todo lo abarca. En un meandro del curso, un joven la aguarda, sin sobresaltarla despierta en ella un interés que hace poco presentía; sus ríos interiores se vuelven afluentes de un mar de amor y vida, mientras de pie en el cauce, los acaricia un cadal sin fin ni principio.
Una mujer cierra tras de sí la puerta de su realidad más sólida, sale dejando atrás lo que creía amar, pero es que un día sus amarras se soltaron, la jaula se abrió sola, sus pies desaparecieron y le nacieron alas, entonces echo a volar, sin despedida ni lágrimas, a pesar de presentir que estaba equivocada, pues sintió que algo fuera y dentro de sí, le llamaba.
Esa noche, acurrucada junto a la Jacarandá, Eugenia, única habitante del mundo, se rinde al abrazo del frío de la madrugada, las raíces del árbol absorben su savia, en pocos minutos su cuerpo se seca, hordas de insectos llevan, en diminutos trocitos, su cuerpo debajo de la tierra.
En la calle de Eugenia, cuando un nuevo día clarea, el barrendero llega a iniciar su faena, descubre el montón de ajadas prendas en la banqueta, las mueve con delicadeza para despertar a la dueña, mas ya no contienen nada; no sale de su asombro, cuando al levantar la vista, le cuesta trabajo creer que ese árbol ayer raquítico y desnudo, hoy luce hojas de un verde radiante y las flores lilas parecen resplandecer sin ayuda del sol. Más se intriga al observar el rocío que cubre a la Jacarandá entera. No lo sabe, pero son las únicas lágrimas que lloró Eugenia.
Quisiera seguir hablando de Eugenia, sin embargo ya no escucho su voz en mis sueños, ni recuerdo la belleza de su rostro, es más, ni siquiera puedo afirmar que era bello, sólo me queda un nombre en una calle.

viernes, 6 de abril de 2012


Eugenia no murió.
Se halla extraviada, suspendida, lejana de la vida.
Sumergida en un sueño inconexo de la existencia sensorial, dentro de una realidad que nadie imagina.
Imbuida en su ensoñación, hace inventario de todos sus momentos, los aquilata fuera de falsos sentimientos. 
Lleva tan poco desaparecida, que nadie la extraña y a la vez ha sido tan larga su ausencia, que nadie la recuerda; la inmensidad de aquel segundo la hace inmune al ansia, a deseos o esperanzas, en ese lapso sin límites donde se localiza, es indiferente a todo, su esencia cabal en plena paz. Abre sus ojos y puede ver en la obscuridad, flota en el vacío, no sufre ni cae. Tras un parpadeo, recorre eones de años luz, estridentes corazones luminosos atestan el infinito, los mismos que desde lejos embelesaban su vista, cuando deducía que jamás podría calcularlos y ahora puede tocarlos, fundirse en su energía, seguir viva después de la extinción, ser luz.
Eugenia convierte sus células en polvo estelar, haciendo acopio de valor antes de su inmersión en la vía láctea, atraída desde un extremo por la calidez de una lejana tormenta solar; cambiada en partículas luminosas, se dispone a regresar a su hogar.
Otro salto, otra dispersión, involución al misterio de la creación, disgregada en el siseo universal, avanza contra el impulso, para volver a encontrarse.
Tal vez en la sombra que proyecta una hoja al caer de su rama o en el aliento que se enfría al salir de una boca o en un beso que es lanzado al aire para despedir a alguien o en la lágrima de una tortuga al desovar o en el indescifrable idioma de los mamíferos debajo del mar o en esos pensamientos que de imágenes mentales a palabras no se pueden transformar; de alguna manera, Eugenia volverá.
Domina el dolor, intenta postergar el instante en que deberá abandonarse.

miércoles, 21 de marzo de 2012


Un grito de asombro se regocija en sus ojos de cielo atardecido, respira la sorpresa, inhala con vehemencia y la deja fluir por sus arterias. Se entierra bajo la piel de una sombra, para descifrar los secretos encriptados tras el silencio, llenando de sensaciones inexplicables un pensamiento inédito. Decide salir, se adelanta a la materia, empeñada en ir contra los elementos, recorre varias noches y sus días o viceversa, más nunca de reversa, en el irrepetible placer de complacerse entera; se abandona al vacío y al desearlo regresa, en una lluvia de estrellas, quedando suspendida entre la luna y la Tierra, despacio se abandona sobre las mejillas agrietadas de un rostro demacrado, pero de férrea lozanía que en ciclos se renueva. Ahora a voluntad, en seguida de la metamorfosis de polvo estelar a polvo terrenal, pródiga se dispersa y pende como ínfima partícula, en la suave superficie de un pétalo fragante, bella trampa a la espera de una presa ávida y laboriosa; sostenida por su vigoroso aleteo, la víctima se presenta, pero es hábil y se envuelve de polen sin tocar el veneno, buena lección de la naturaleza. Montada sobre el viento, viaja adherida a un ente prodigioso, mientras su cuerpo yace en un apartado del pasado pausado; Eugenia se inquieta, al dejarse transportar en el espacio de un instante, que dentro de su consciencia, se halla detenido, escucha al aire moverse en un solo sentido, como una nota sostenida de un sonido sin origen y a pesar del súbito temor sonríe, pues quiere seguir siendo polvo de vida viajando pegada al cuerpo de un ser increíble, de progenie milenaria, cruzar ese universo y dejarse expeler dentro de un templo, reposar entre zumbidos hacendosos, que sólo saben de plazos marcados por la oscuridad y el sol.
Pero Eugenia se extraña y la dosis de fantasía no alcanza para soportar otro cambio, la ensoñación se torna confusa, siente a su boca paladear la hiel de lo real, en esa condición diminuta el miedo amenaza desintegrarla y entonces, dócil se abandona al regreso indeseado, reincorporándose a la carne que habita, a la vida que detesta; arcadas la despiertan, pero voces de abeja zumban dentro de su cabeza; sus alas se han plegado, sin embargo ella considera al dolor un intruso, piensa que el viento aguantará su peso y atraviesa el cristal, cuando el día regresa. Tras de sus ojos cerrados la realidad se muere y el sueño vuelve a ser su mundo; aunque esta vez sí duele, Eugenia vuela.

viernes, 16 de marzo de 2012

Apuntes I

Comer, el más culposo de los placeres; la gula puede matar, pero la culpa no, aunque la culpa no alimenta el cuerpo y menos el alma.

Una mujer con la autoestima tan por los suelos, que si ella misma la pisaba, hasta de eso se regodeaba; y luego estallaba en llanto.

La apuesta entre los Dioses y el Eterno Desconocido.

¿Cuál es el colmo de un ladrón? Que lo asalte la duda.

Nada, en la quieta noche, los sueños son una película muda.

Un momento de inconsciencia tan profunda, que pude burlar a la muerte; estando en mis cinco sentidos, no apostaría por eso.

Jamás podrás ganarle en una discusión a la boca de una .45. Así que dale la razón (el dinero y hasta tu dignidad) aunque no la tenga.

Viene mi hijo con sus dudas, necedades e ilusiones improbables y me hace retroceder más de veinte años en mis recuerdos agridulces; futuro de mierda que insiste en repetirse.

¿Si Dios no existe, para qué lo denuestan o lo defienden tanto?

No has cambiado nada ¡pero ahora te detesto más!


Dije que sí te creía, esa fue una mentira que ni yo mismo podía creer.

¿Por qué no puedo dedicar todo mi tiempo a las cosas que me gusta hacer? Y en cambio debo emplear muchas horas al trabajo. 
Es un razonamiento infantil.

Nadie debería saber que va a morir, simplemente que le llegue la hora, ya sea debajo de las ruedas de la mala suerte ó aplastado por el peso inevitable de la misma vida.

Tienes lo que resta de este día para seguir compadeciéndote o sencillamente hacer lo que debes. ¿Mañana? 


viernes, 2 de marzo de 2012


Otro día más,
usaremos el mismo disfraz.
Si el mundo hacia un sólo lado
no deja de girar.
En los labios se posa la mentira
y entre las manos la ira.
Tolerancia fingida,
paciencia mal disimulada.
Aislados.
Lágrimas que rompen dentro,
tragando gritos y
en locura perpetua estamos.
Sin mirar el calendario,
ni respetar algún horario,
morimos a diario.
Mas los pies aún se mueven
igual que la inquieta mente;
no vale la pena
llorarle al futuro,
aunque la cabeza duele y
el corazón su ritmo pierde.
Con el miedo de costumbre,
entre cuentas alegres y
tristes realidades,
las mismas palabras
se dicen, se cantan,
se piensan, se callan.
Otro bocado de rutina,
lavarse las manos,
ante la incertidumbre
que se avecina.
¡Buenos días amigo,
sé que estás aquí
para evitar mi caída al vacío
y para arrojarte conmigo!

jueves, 9 de febrero de 2012


Alguna noche, una de esas muertes va a llevar mi nombre.

Tú, descuidada recibes la lluvia, opacos reflejos en la noche te adornan, lunas artificiales que se alargan con la humedad. Obstinado por seguir en vela te recorro, resbalo sobre tu piel, el agua me impide ver tus defectos. Un letargo sigiloso intenta adormecer mis sentidos, la luz fija en el retrovisor y el sonido monótono de la ruta, me hipnotizan; un instante es la vida. Pierdo el control, giran las calles, el túnel se retuerce, mi cuerpo se fragmenta y de pronto todo es olvido. Jirones de piel sobre la tuya, lágrimas disolviéndose en grasa lodosa, sangre corriendo hacia tus venas, por las alcantarillas. Raudo un mal presagio ulula en la avenida, impresionados policías registran otra desgracia, el comité de curiosos observa desde los autos, alguno con respeto se santigua; solitarios rescatistas suben los pedazos de una historia anónima a la ambulancia. En el ingente silencio de la noche anegada, nadie se percata de una sombra que brega contra la lluvia, en su afán de alcanzar el cenit de su esperanza.

sábado, 4 de febrero de 2012

 Mientras pesados grises tapan el inamovible azul, la lluvia de hojas secas cubre un objeto que yace en la banqueta. Es un cuerpo tan desconocido que ya no recuerda ni su propio nombre. Algunos perros callejeros se echan a su lado al percibir un débil calor. Ladran cuando advierten que algún transeúnte distraído pudiera tropezarse con el bulto que custodian. Lastimeros aullidos acallan los leves quejidos,  del cuerpo que lentamente absorbe el frío de los viejos adoquines, debajo de una frondosa Jacarandá, la cual, próvida le ha obsequiado durante la tarde, una sábana de pálidos lilas, amalgamada con la inesperada pertinaz llovizna y tierra de la banqueta.
El frío poco a poco abraza a la noche, los perros advierten el gélido dolor de la tumba improvisada, el viento llora quejumbroso entre las ramas, un cirio de plata se abre paso entre las nubes, campanadas de las tres resuenan en esta calzada vacía, no cesa la llovizna y algunos truenos y relámpagos hacen más lúgubre la escena, acompañando el réquiem de bestiales alaridos, cuando sienten rigor mortis debajo de las flores lodosas.
La calidez de la aurora, delicadamente despierta a la Ciudad, los barrenderos comienzan su faena, barren calles húmedas en la quietud matinal. Uno de ellos se aproxima a la jauría de perros que rodean una silueta abultada de sucias hojas, desconfiado blande su escoba, más intimidado que dispuesto; los cerberos se desperezan, reciben con intimidantes gruñidos al hombre que se acerca, al tiempo que advierten con azoro ausencia debajo del montón de hojas. Con un entendimiento instintivo, claman por última vez, irguiendo sus pescuezos hacia el cielo, luego trotando ágilmente se dispersan.
El barrendero que nada sabe, después de la sorpresa, asesta un enérgico golpe contra el cúmulo ordenado, para descubrir con desagrado, un conjunto de prendas andrajosas y pestilentes, que se han quedado enredadas en su escoba. 
El sol va descollando, inunda los negros cauces con coloridos destellos metálicos.

lunes, 30 de enero de 2012


Necio recuerdo
¿tú no te vas
o yo te retengo?
Me observas, colgado del rabillo de mis ojos. Ignoro donde, pero sé que estás. Acaso es una de las cosas que quiero creer, nada más. Tantas palabras para tratar de entender. Eres el eco sin forma de una vida, muda ilusión en el infinito silencio. Dime si la eternidad es tan vasta y oscura, que a fin de cuentas te sientes como atrapado en un puño que ciega y asfixia. Abro mis ojos en el sueño, aguzo mis oídos, pero no te siento. Despierto creo percibirte, sin embargo no te veo ni te escucho. Imagino que vivo pues aún respiro, pero mis pensamientos son muy confusos. Me empeño en mantener, junto al recuerdo de ti, tu voz y maneras, la risa, abrazos e infinidad de cosas que en su momento juzgábamos verdaderas. Entre tanto eres tan grande, como la inmensa duda que se centuplica en tu ausencia inevitable. Preguntas de angustia pueril, arrinconado vuelvo a sentir un miedo infantil. En el vórtice de la dualidad, sólo encuentro paz al ver tu rostro, silente y fugaz.
Fantasma,
eras alma
en calma,
por carne
y sangre
envuelto;
ahora
al polvo,
a la nada
has vuelto.
Despertaste,
sin huesos
ni latidos,
ingrávido.
Regresaste,
sin aviso,
por miedo
al olvido.
Vete, no temas, luego acudiremos al mismo destino; no muere la esperanza de encontrarnos en el fin y principio de todos los caminos.
Vete, he de morir cuando sea debido, deja ya de trastornar mis sentidos.
Vete, descansa del mundo y su ruido.
Después de
la tribulación,
vuelves a
tu concepción.
Sombra viva,
permite que
la noche
te reciba.

viernes, 20 de enero de 2012


Mis pasos cruzan tu cuerpo deforme, pasan por encima de ti, pero sin detenerse a admirarte; aprovecharte sin respeto es la peor de las costumbres. Uno de tus tantos hijos, sedentarios solitarios, extraviados en tu olvido; sombras necias, desvaneciéndose lentamente. Suben y bajan, te circundan, como perros en las calles, alrededor de una zona prohibida. Tu ser, territorio profanado, única pertenencia de los desheredados, donde los perdedores corremos detrás de la suerte, para caer en otra grieta de tu curtida piel. Ni hablar de tu boca, que escupe con desprecio los besos negados y sólidas mentiras permanentes. Escuchando tus exclamaciones no me puedo concentrar, vociferas todo el día, para seguir cantando de noche una confusa melodía, que sube de tono, acompañando a la luna, volviéndose poco a poco un murmullo resignado, en la espera de ver regresar al sol. Saltan palabras de unas manos ateridas, son para ti, gritan sin voz, embarradas en el muro de un callejón oscuro; el arcoíris termina en el lodo de una calle vieja, sucia y derruida. Cortesana inalcanzable, así en las calzadas más iluminadas y atestadas, como en las callejuelas menos recomendables. Inmortal desconocida, conservas esplendorosos recuerdos en sepulcros vivos, de piedra antigua tu entraña mística, en los casi olvidados rincones rústicos, cimientos impasibles de tu nuevo rostro, tan desfigurado. Me detengo un rato, en medio del rosario de impaciencias, para observar tus nuevos brotes de acero y sus vestidos de cristales coloridos. Sólo en la oscuridad, mientras descansan las ansias que te recorren, desafiada por el alumbrado público, se puede apreciar el universal silencio de tu quietud.


lunes, 16 de enero de 2012

Iztaccíhuatl y Popocatépetl


Mujer dormida
bajo la nieve,
en tu sueño
de centurias,
sólo la entraña
se mueve.
Un guerrero
te vigila,
su interior
de roca viva,
poco a poco
se despabila.
Son leyenda,
la princesa y
el soldado.
Ella duerme eternamente,
con su manto blanco helado,
recostada en un dorso del valle.
Él, inamovible enamorado,
sueña que despiertan al unísono,
fieles después de siglos,
tras un beso de fuego horrísono.
No se observa en la quietud,
pero esas piedras están vivas.

martes, 10 de enero de 2012

Supe que moría,
al darme cuenta
de que te perdía…
Y seguí una sombra,
alcance un suspiro,
descubrí recuerdos,
me abrazó el tiempo
en su palmo de silencio.
Mas tú no te ibas,
era yo quien se dormía,
tras esa oscuridad que
de luces nunca ha sabido,
ni contiene vivos latidos;
un pulso medido en eones
tan lleno de inmóvil vacío.
E imagino poder sobrevivir
al olvidar toda idea de ti,
lejos de escalas y propósitos,
extintos los vanos deseos,
vueltos polvo los sabios instintos.
Se habrán de acostumbrar
mis ojos a la noche,
la nada, calladamente
invadirá mis oídos,
llegarán a su nadir
mis pobres sentidos,
fuera del tiempo,
hasta el olvido.
¿De qué me sirves en la muerte,
vida?

lunes, 2 de enero de 2012


-Buenas tardes Dr. Mata.
-Buenas tardes Sr. Torcuato, pase usted, tome asiento ¿qué lo trae por aquí?
-Otra vez este dolor que no me permite llevar una vida normal, Dr.
-Muy bien, recuéstese por favor, voy a revisarlo.
-Ojala esta vez sí pueda encontrarlo.
-¿Encontrar qué?
-El dolor.
-¿Pues no ha identificado usted exactamente donde siente el dolor?
-Sucede que cambia de localización durante el día, Dr., y a veces se esconde, no cesa, pero se oculta, haciéndome creer que por fin desaparecerá. Ya se lo había mencionado antes.
-Querrá decir que le duele en distintas partes de su cuerpo, durante el transcurso de las horas y por momentos las molestias aminoran.
-No, el dolor va poco a poco trasladándose de una extremidad a otra, por ejemplo, al levantarme por la mañana, me duele la mano izquierda y cuando me estoy bañando, el mismo dolor, no otro, lo siento en la rodilla derecha, está ahí, doliendo profundamente, aunque a ratos disminuye, permitiéndome concentrarme en mis ocupaciones, pero súbitamente reaparece en la espalda baja, como si me clavaran algo filoso, punzando terriblemente, me paraliza, me propina un enorme susto y además de la desagradable sorpresa, el aguijonazo del dolor y su extensa irradiación, repitiendo ese proceso varias veces al día. Es mi judío errante, caminando a su albedrío por mi cuerpo entero, pero este va armado, haciendo mucho daño cuando se le da la gana manifestarse. Incluso ha llegado a tomar el control de mi sistema nervioso central, causando estragos en mí, atacando simultáneamente más de dos órganos a la vez, llevándome a creer que sufriré un colapso fatal. Otras veces paraliza mis manos, las cosas se me caen sin poder evitarlo o taladra mi cabeza, provocándome fuertes mareos, hasta casi desmayarme.
-¿Así que su dolor no sólo es muscular u óseo, usted está seguro de que también se deja sentir en los órganos internos de su cuerpo?
-Claro Dr., se ha adaptado muy bien y ahora tiene la capacidad de viajar por mi torrente sanguíneo, deteniéndose donde mejor le parece, para  hacer lo que mejor sabe: dolerme.
-Muy bien Sr. Torcuato, debo insistir en la explicación que le he dado en sus anteriores consultas: el dolor es una reacción, provocada por algún estimulo o en ocasiones, una alerta ante el mal funcionamiento, sí, de alguno de sus órganos o la falta de cuidado en su salud o posiblemente sea provocado por el estrés…
-¡Sí, está de moda! Pero no, de verdad, puedo ver al dolor viajando debajo de mi piel, moviéndose de mi pie derecho a la mandíbula, subiendo hasta mi frente, de ahí pasa a la nuca, luego se va adentro de mi cabeza, se sitúa en alguno de mis oídos, impidiéndome escuchar con claridad y en ocasiones nubla mi vista, alternando a su antojo en ambos ojos; a veces llega a mis pulmones causándome asfixia por unos momentos, es desesperante, más cuando se instala en mi corazón, jugando cruelmente a fingir conatos de infarto, lo cual, usted comprenderá, me imposibilita llevar una vida normal, ¡todo el día está interrumpiendo mis actividades el maldito dolor!
-Muy bien, voy a recetarle…
-Los analgésicos no funcionarán, cuando empiezan a surtir efecto, el dolor ya cambio de sitio, en cuanto los siente cerca, se mueve.
-Bueno, entonces serán de mayor utilidad una radiografía o una resonancia magnética…
-Será inútil Dr., se lo he dicho antes, el dolor es invisible ¿cómo logrará verlo? Ni aun los más sofisticados aparatos podrían hallarlo.
-Muy bien ¿qué le parece si empleamos otro método, para intentar aislar el dolor y combatirlo de manera efectiva?
-¿Cuál sería el procedimiento, Dr.?
-Deberá usted ingerir una gran cantidad de licor, lo que obviamente le provocará una tremenda borrachera.
-Como usted sabe, yo no bebo.
-Sí, pero tome en cuenta que será con fines médicos, en todo momento cuidaré de su salud. Después lo atenderé si presenta usted cualquier malestar y le administraré medicamentos, en caso de ser necesario. Lo importante es lograr aislar el dolor y proceder de inmediato con un tratamiento, para lograr curarlo a usted, Sr. Torcuato.
-Bueno, si no hay otra opción, usted es el experto, Dr.
-Entonces, regrese a su dormitorio, daré instrucciones a la enfermera, para empezar inmediatamente el tratamiento.
-Usted manda, Dr.

-Enfermera ¿el Sr. Torcuato ya está en el dormitorio?
-Sí, Dr.
-Muy bien, ya sabe lo que procede.
-¿En verdad no hay otra alternativa para tratar a ese hombre?
-Por desgracia no, su enfermedad sobrepaso el punto de no retorno, sólo nos queda mantenerlo sobrio el mayor tiempo que sea posible y racionarle la ingesta de licor, seguirle el juego en estas consultas simuladas, para evitar que pudiera infligir algún daño al personal o alguno de los otros pacientes. Recuerde no perderlo de vista, pues aunque es un alcohólico pasivo, desconocemos el grado de su enfermedad a nivel mental, podría pasar a la violencia cualquier día de estos, por lo tanto tenga mucho cuidado y repórteme de inmediato el más pequeño cambio en su comportamiento.
-Así lo haré, Dr.

sábado, 31 de diciembre de 2011


-La seguridad del perímetro ha sido violada en repetidas ocasiones y nadie ha podido evitarlo. Los transgresores entran y salen continuamente perturbando la tranquilidad del área, el residente se encuentra muy molesto, por eso temo que el fin de la alianza tácita entre él y nosotras pudiera comprender nuestro exterminio. Inclusive esta reunión representa un gran peligro para nuestras vidas, compañeras.
-Yo creo que no debemos temer Piernas Locas, el residente padece desidia crónica, si no hace nada por defenderse de los intrusos, menos lo hará contra nosotras que ningún daño le causamos.
-Patotas tiene razón, pero no debemos confiarnos, sabemos de la volubilidad del residente, cualquier día se desquicia e intenta cazarnos a nosotras también. Por eso propongo que demos por terminada esta junta.
-Muy bien Patas, cada una su rincón y a tratar de capturar al mayor número de intrusos posible. Por cierto ¿alguna de ustedes dos sabe por qué Patona no vino a la asamblea?
-Seguramente quedo atrapada bajo un montón de ropa sucia o las hormigas del hoyo en la ventana lograron atraparla.
-En todo caso no podemos ayudarla, ni modo, dispersémonos y cumplamos la misión.

-¡Malditos moscos! Me tienen jodido, no sirvió el mosquitero que puse en la ventana, esta rasgado en varias partes y por ahí se cuelan; tengo que cambiar esos vidrios rotos y reparar la puerta, porque estos condenados ya son una plaga. Las arañas no se dan abasto con tanto mosquito y al contrario parece que ellos se las están tragando, como a mí.
Ahora además de los zumbidos en mis oídos, tengo adentro del cuarto, el concierto de un grillo escurridizo. Nada más porque me estoy cayendo de sueño, si no ¡los aplastaba a todos!

-Kamikazes, les habla el Comandante Banzai, agrúpense en sus escuadrones, el residente se encuentra ya en el área.
En unos momentos comenzaremos el ataque. Recuerden picar, succionar todo lo que puedan y huir a prisa, no se distraigan ni pierdan tiempo. Cuando se posen en alguna superficie extremen precauciones, pues las “muchas patas” últimamente nos han causado más bajas que el mismo residente; al percibir a una de ellas cerca de ustedes, retírense de inmediato, no se confíen o pueden quedar presos en su letal hilo y trituradas en sus viscosos intestinos. Procuren volar el mayor tiempo posible, el residente no es muy diestro cazándonos al vuelo; cuando necesiten descansar busquen los sitios más oscuros y de difícil acceso para él.
Les deseo éxito en sus incursiones.
-Comandante ¿empezaremos el ataque aún con la luz encendida?
-Sí, el residente presenta síntomas de cansancio profundo.
Escuadrón Lindbergh dirija su ataque a las extremidades inferiores.
-¡Listo escuadrón Lindbergh!
-Escuadrón Barón Rojo su objetivo es el tórax.
-¡Escuadrón Barón Rojo alerta!
-Escuadrón Wright, se encargará de las extremidades superiores.
-¡Listo escuadrón Wright!
-Escuadrón Santos Dumont ¡duro y a la cabeza!
-¡Escuadrón Santos Dumont en pie de guerra!
-¡Zum, zum, zum, zum, zuuuuuuuuuummmmmmmmmm…!

-Patotas ¿de dónde viene ese sonido?
-Los mosquitos iniciaron el vuelo, Piernas Locas.
-No Patas, ella se refiere al sonido monótono e ininterrumpido.
-Tienes razón Patotas, este sonido no es común dentro del área ¡es un grillo!
-Esto es el colmo del desorden, el residente ha dejado que un grillo venga a quitarnos el sueño, como si no tuviéramos suficiente trabajo con los mosquitos.
-Patas, Patotas que les parece si…
-¡De veras te atreverías, Piernas Locas!
-Por supuesto, somos tres…
-Ella tiene razón Patas, entre las tres podríamos con el grillo.
-Pero… el residente pasará otra noche sin poder dormir.
-Que se las arregle como pueda él solo.
-Además los mosquitos son cada vez más habilidosos y resulta casi imposible atraparlos.
-No se hable más, Patas; Patotas vamos a buscar al grillo.
-Para luego es tarde Piernas Locas.

-¡Malditos moscos! No me dan tiempo ni de envolverme en las cobijas, pero ya verán, voy a dejar sus asquerosos cuerpos tapizando las paredes y veré sus insignificantes cadáveres cayendo lentamente al suelo. Repugnantes insectos, voy a teñir el cuarto con su sangre… mejor dicho con mi propia sangre, que me han estado succionando todas estas noches. ¡Arañas ineptas! No las veo por ningún lado, por lo menos el grillo se ha callado.
Tres horas después…
-Escuadrones, les habla el Comandante Banzai, reporten sus incidencias.
-Escuadrón Lindbergh, reportando éxito total en la incursión, estamos ahítos del vital líquido.
-Escuadrón Barón Rojo, también reportando niveles máximos en los contenedores de la sangre, pero sufrimos tres bajas Comandante.
-Escuadrón Wright, reportando un mediano éxito en la operación, el residente se defendió con destreza y solamente quedamos dos kamikazes con vida.
-Yo, su Comandante Banzai, del escuadrón Santos Dumont, lamento informar que todos mis compañeros perecieron en la acción, el residente, a pesar de la lentitud en sus movimientos, logró aplastarlos entre sus manos, mientras atacábamos su cara y orejas. Pero haciendo un balance, la misión es exitosa; nos replegaremos mientras llegan los refuerzos, si alguno de ustedes se siente con ganas y apto para hacerlo, puede atacar individualmente al residente. Reanudaremos las operaciones en conjunto a las 0400 horas. ¡Larga vida a los dípteros!
-¡Larga vida a los dípteros!

-¡Malditos moscos! El zumbido me suena a risa burlona cuando pasan cerca de mis oídos, vaya que son temerarios, casi se meten por mi boca y nariz. Ahora si me dejaron todo lleno de ronchas, logré aplastar a varios de ellos pero da la impresión de que se clonan instantáneamente, tengo el cuerpo tan marcado como si me hubiera dado otra vez la varicela. ¡Arañas ineptas! ¿Dónde están cuando las necesito? Por lo menos se acabó el sonsonete del grillo. Pero voy a terminar de una buena vez con este jueguito, traeré el insecticida, rociaré el cuarto entero y luego saldré a dar un paseo a la luz de la luna, ni modo, otra noche sin poder dormir.

-¡Kamikazes, les habla su Comandante Banzai, el residente planea vaporizar el área, evacuemos de inmediato! Repito, la evacuación es perentoria e inaplazable.

-¡Patas, Patotas, el residente se volvió loco otra vez! Va a fumigar, tenemos que largarnos de aquí. Bueno, al menos pudimos devorar la mitad del grillo ¡vámonos!
-¡Para luego es tarde Piernas Locas!




jueves, 29 de diciembre de 2011


Hay grietas en este espacio,
por almas errantes atestado,
son el inicio de caminos
que no llevan a ningún lado;
debemos andar con cuidado,
los heraldos de la muerte,
se aproximan a paso lento.
Es desconocido el trayecto,
a nuestro modo, perfecto,
sin importar cada yerro,
pues no hay intentos previos.
Llenémoslo con algo,
sean palabras o actos,
antes que el silencio
de una fosa nos acalle,
pues el morir lo traemos de facto.
Días despertándonos los ojos
y en una noche sin fin,
dormirán nuestros despojos.
En tanto celebro lo que veo,
también lo desconocido,
la suma de cada  cosa,
todo eso anima la vida.


martes, 27 de diciembre de 2011


Con el estigma de ser diferente,
todo llega a parecer decadente,
más un plan inicia en tu cabeza,
de tu cuerpo anulas la pereza,
ante los hechos te ves impotente,
y a ojos ajenos, poco inteligente.
Tan fácil es decirte criminal,
aunque no pases de lo oral.
Deseas concretar la utopía
y dicen que invocas anarquía;
en medio de velada monarquía,
muchos declaran democracia,
¡vaya que la farsa tiene gracia!
En sus manos tuercen la justicia,
piensan en tu cuello con malicia;
a sus viles órdenes esta la milicia,
es un juego de bajeza y estulticia.
A pesar de que huyas de su vista,
de por vida estarás en su lista;
prefieren obligarte a partir,
evitando se te llame mártir.
Quizá si gozarás la opulencia,
padecerías la misma indolencia;
pero es la infinita carencia,
lo que aviva tu consciencia.
Irredento enemigo del sistema,
esos pocos te nombran anatema.
Con valor asientas tus reales,
en la égida de valores inmortales.
Loco solitario, inadaptado,
ansían por verte colgado,
hacer de tu nombre vituperio,
tirarte con dolo al cementerio
o por lo menos olvidado.
Silente te llegará la muerte,
si tienes suerte, disidente.


domingo, 25 de diciembre de 2011


Horas perdidas, desaprovechadas.
Pesadillas vivas, fantasías sin vida.
Imágenes confusas, desordenadas.
Alma extraviada en la noche álgida.
Conductas caóticas, desbalagadas.

A la par de la noche navegas,
con escaso propósito divagas,
desesperadamente aire tragas,
aprovechas que nunca lo pagas.

Desorientarse es muy fácil,
entrañando un ánimo frágil,
a merced de la noche hábil,
dueña de una mente dúctil.

Te embelesa de la luna el brillo,
necio le cantas, disonante grillo;
podrías estar en el lar hecho ovillo,
prefieres vagar, empedernido pillo,
alterado, cerca de jalar del gatillo,
en ese mal estado parece sencillo.

Oscuridad, astuta y paciente espía,
tu cordura tan endeble desafía,
te aconseja tentar al mudo destino,
varios inicios para un solo camino,
bien sabes que no es posible forjar,
algo realmente bueno sin trabajar,
lo piensas al andar solo por la calle,
rogando a la buena suerte no te falle.

La noche su tránsito ha terminado,
te deja nuevamente muy ofuscado,
escuchas molesto a los perros ladrar,
martillea en tu cabeza el suave trinar,
pequeñas cosas que parecen burla,
si pudieras borrar cada idea absurda,
esos momentos lograrías divertirte,
pero ahora sólo quisieras dormirte.


viernes, 23 de diciembre de 2011


Como siempre, mueres.
Ridículamente,
con la boca abierta,
desesperado;
tratas de aferrarte
al aire que te deja.
Fantasmas detrás de ti,
te empujan al abismo,
no te salva tu cinismo,
cada final es el mismo.
Morir,
luego de cada carcajada,
aún en la alegría, temes.
Y en la inconsciencia
de tus horas más oscuras,
títere de inéditas locuras,
no lo sabes, pero mueres.
Entonces llenas los días
de cosas y las noches de otras,
mas estás como ausente,
presintiendo la muerte.
Sabes que es un desperdicio,
sin embargo, eso te hace
sentir vivo, saltar sobre
el precipicio, sin sentido.

Una boca te llama, te besa,
te muerde; sus brazos
delicados, ciñen tu alma
peregrina.
Al momento del amor,
en medio de la noche fría,
sólo un poco se te olvida
y vives un divino instante;
la húmeda, breve muerte.



jueves, 22 de diciembre de 2011

 Se dice a si mismo que entre más se afane en su búsqueda, menos logrará encontrarse. Antes de sacar el bulto al frío, trata de aplacar su desvarío. Entonces se pierde por las calles, bajo la lluvia. Sin pensar al andar, sólo observa y escucha, pero no puede evitar recordar. Su cuerpo padece los años, como una carga incomoda, el llanto resulta insípido, la duda atenaza el ánimo. Cuando el calor lo va acogiendo, no se siente renovado, quisiera seguir vagando, sin saberse derrotado. Extraviado en su anodina existencia, ha renunciado a la responsabilidad, por propia voluntad, acumulando edad, sin variedad. Todo le parece un mal sueño, del que no habrá de despertar. A pesar de la apatía, continúa maravillándose cada mañana, con los milagros más sencillos. No muy convencido, sale a ejercer el libre albedrío. Ansioso se repite, que es cuestión de decidirse, caminar erguido, confiando en su experiencia o simplemente, sin remordimientos, reprimirse. Reconoce sin dudas, que la vida, el mundo, tienen muchas cosas hermosas y su pesimismo no puede nada contra ellas.
El sacerdote, el arquitecto, el músico y el boxeador, se quedaron en los sueños de un niño desobediente, alma serrana perdida en la ciudad. Un adolescente desorientado, ansioso, ofuscado, buscando nada, perdiendo todo. Un viejo sin amigos, ni techo cálido. Huérfano de una familia que lo tachó de loco. Le llaman “vago”; él observa, indulgente, la marcha de todas las horas, con la mente llena de imágenes desordenadas, palabras se atropellan en su boca desdentada. Errante en el valle, inconsciente desafía los ríos tumultuosos, danzando entre el tránsito, payasito trágico, recoge monedas de caridad. Compra una compañera que cabe en su mano; cuerpo frío, alma ardiente, comunión constante, lucidez delirante. Llevando su edén, a todos los puntos de este infierno, quijote andrajoso. Bastardo de la calle, fantasma en el callejón, compartiéndole el rincón a un perro tan sucio, hambriento y solo, como él. Al calor del licor, otro trago de olvido, en una noche sin sueños.

martes, 20 de diciembre de 2011


Luego de la lluvia, el sol comienza a abrirse paso entre las nubes, insinuándose tibiamente. Veinticuatro horas de tormenta, terminan en pesado sopor, humedad volviéndose vapor, el calor parece una garra que asfixia, pero aún en este ambiente, todas las formas de vida empiezan a moverse. Hormigas reanudan su interminable cadena de ida y vuelta, grillos escondidos dejan oír sus monótonas notas, parvadas de palomas suben y bajan, removiéndose el letargo, los perros se sacuden el agua y la pereza, los girasoles se estiran, dando la cara al sol que ya despierta; pétalos perlados arrojan su fragancia al viento, esencia invisible de la vida, dispersándose en medio de luz y olores. Una multitud de flores, proyectan su belleza entre el azul del cielo, tensan el arco de colores; de un lado doncellas de etéreos aromas, al otro extremo un reino de verdor, domina en rededor. Hadas del bosque salen a la hora del crepúsculo, asisten a sus clases de canto bajo la tutela de las aves, refrescan la garganta, bebiendo rocío de las plantas; el viento participa ululando entre los árboles. La luz se despide coloreando nubes que coronan las cumbres, murmullo de ríos se une al bullicio de trinos, aullidos, canto de gallos, apacibles mugidos y el silencio que viene apersonándose, en la oración de la tarde. Muy pálida antes del reflejo, la luna se asoma, un paso por segundo, dando espacio a su sequito de luces titilantes, remotas pero permanentes.  El día y la noche, cumpliendo su pacto tácito, se reparten los hemisferios del firmamento. Centinelas de fija mirada, otean en la oscuridad; la fiesta, por unas horas, duerme en paz.


domingo, 18 de diciembre de 2011

Seis a Nueve


Dame un beso de fuego,
si deseas te pertenezca.
Otro de humo,
en el cual me desvanezca.
Beso de pasión sublime,
a mi alma enternezca.
Un beso nuevo cada noche,
que a ninguno se parezca.
Tus labios hablan en húmedo silencio.
Suspiro con tu aliento en cada beso.
Bajando despacio de tu boca,
dejando un rastro de besos,
sin prisa voy y regreso,
de tu cuello a tu pecho.
Se agita incontrolable
tu vientre cuando lo beso.
Pétalos de piel,
en el centro de tu mundo,
los atrapo en un beso profundo,
sacia mi sed, tu magma de miel.
Inhiesta la respuesta;
nos besamos, cerrando el círculo,
bebiéndonos la entraña,
con paciencia, con maña.


viernes, 16 de diciembre de 2011

La Muerte y El Tiempo.


Obedece esta vez, Eva
y serás eterna.
Es mi promesa que sobrevivirás por interminables eras.
Te haré dueña del silencio, estarás sobre cualquier deseo,
no te vencerá ningún motivo.
Dominarás por siempre sin sufrir fatiga.
Otorgarás quietud a toda plenitud.
Nada habrá de perturbarte, Madre primigenia.
Descubre que en el vacío no hay hastío.
En un sueño de tierra irán a Ti las almas.
 
Desprecia tus vestidos, toma este manto de noche sempiterna.
Cierra los ojos, ignora los sonidos,
libera a tus manos del esfuerzo,
aspira profundamente el olor del barro al que retornas.
Simplemente polvo, ni amable ni torvo.
Despojada de sentidos, no te han de conmover llantos ni rezos,
imparcialidad tendrás ante burlones o solemnes epítetos.
Señora de las sombras, final de todas mis obras.
La Muerte te llamarás, si aceptas.

Escúchame Mujer, es la última oferta que te hace el Señor de los Destinos.
Al termino de nuestro andar, inesperadamente recibimos,
la dadiva que creíamos perdida.
Yo, su eterno siervo, llamado ahora El Tiempo,
dispuesto estoy a desposarme definitivamente contigo.
¿Acaso ya no me recuerdas?
Soy Adán, aquel con quien saliste llorando del paraíso.
Asume sin temor este nuevo e interminable compromiso.
No lo aquilates como un premio, tampoco lo consideres castigo.
Es un designio incuestionable; Tú y Yo, otra vez, los elegidos.
Inmunes como al principio, exentos de otro fallo.
Recobraremos después de la vida, a todos nuestros hijos.