sábado, 4 de febrero de 2012

 Mientras pesados grises tapan el inamovible azul, la lluvia de hojas secas cubre un objeto que yace en la banqueta. Es un cuerpo tan desconocido que ya no recuerda ni su propio nombre. Algunos perros callejeros se echan a su lado al percibir un débil calor. Ladran cuando advierten que algún transeúnte distraído pudiera tropezarse con el bulto que custodian. Lastimeros aullidos acallan los leves quejidos,  del cuerpo que lentamente absorbe el frío de los viejos adoquines, debajo de una frondosa Jacarandá, la cual, próvida le ha obsequiado durante la tarde, una sábana de pálidos lilas, amalgamada con la inesperada pertinaz llovizna y tierra de la banqueta.
El frío poco a poco abraza a la noche, los perros advierten el gélido dolor de la tumba improvisada, el viento llora quejumbroso entre las ramas, un cirio de plata se abre paso entre las nubes, campanadas de las tres resuenan en esta calzada vacía, no cesa la llovizna y algunos truenos y relámpagos hacen más lúgubre la escena, acompañando el réquiem de bestiales alaridos, cuando sienten rigor mortis debajo de las flores lodosas.
La calidez de la aurora, delicadamente despierta a la Ciudad, los barrenderos comienzan su faena, barren calles húmedas en la quietud matinal. Uno de ellos se aproxima a la jauría de perros que rodean una silueta abultada de sucias hojas, desconfiado blande su escoba, más intimidado que dispuesto; los cerberos se desperezan, reciben con intimidantes gruñidos al hombre que se acerca, al tiempo que advierten con azoro ausencia debajo del montón de hojas. Con un entendimiento instintivo, claman por última vez, irguiendo sus pescuezos hacia el cielo, luego trotando ágilmente se dispersan.
El barrendero que nada sabe, después de la sorpresa, asesta un enérgico golpe contra el cúmulo ordenado, para descubrir con desagrado, un conjunto de prendas andrajosas y pestilentes, que se han quedado enredadas en su escoba. 
El sol va descollando, inunda los negros cauces con coloridos destellos metálicos.

8 comentarios:

fritzio dijo...

vine y vi pero no dije nada, todavía. las campanadas de la madrugada siguen detenidas en el sábado. hoy es, además, dia oficial.

Antony Sampayo dijo...

Muy bien, Gerardo, me agradó esta frase: "Mientras pesados grises tapan el inamovible azul", que perfecta descripción metafórica del preludio de un aguacero.
¿Hablas de una victima que se descompuso hasta desaparecer?, ¿o la lluvia lo desintegró?

Abrazos.

Gerardo Huerta Jaime dijo...

Todos los días son oficiales, algunos oficialmente pervertidos por inútiles festejos.

Un pobre hombre que murió en la calle pero alcanzo más rápido la gloria, Antony.

Salu-dos, cuídense, que estén muy bien, luego nos leemos.

la MaLquEridA dijo...

Lo absurdo de lo cotidiano.

reptilio dijo...

auch!!!!

Gerardo Huerta Jaime dijo...

tanto que ya lo vemos normal, Malque.

Dicen que no duele tanto y además es sólo una vez, Reptilio.

Salu-dos, gracias por venir a leer y comentar, cuídense, luego nos leemos.

Boris Estebitan dijo...

Es un excelente texto-

Gerardo Huerta Jaime dijo...

Gracias Boris.
Cuídate, luego nos leemos.