sábado, 19 de noviembre de 2011


Dice tanto
y no lo entiendo.
Lo escucho,
bien atento.
Canta bajito
y despacio
o ruge enérgico,
impulso melódico
a la par del viento.
De hombre la voz,
alma de mujer,
ávido cual niño
que quiere aprender.
Sale del silencio,
trae viejas palabras
con nuevos acentos.
Brota de su boca,
el fuego, la roca,
que al surcar el aire
se tornan en oda.
Paisajes verbales
de su mente nacen,
en tinta, a sus ideales
los vuelve probables,
sombras irreales
de antiguos anales.
Una cuerda del tiempo,
que tañe en silencio,
vibra en su pensamiento.
Algunas cosas no tienen
sentido, relación ni causa,
sin embargo, algo vive,
se mece en la nada;
momento inédito,
que capta mengano,
guitarra y pluma en mano.

3 comentarios:

Rosa dijo...

Siempre me despierta una sonrisa venir por aquí, lástima que el tiempo o más bien la falta de él, no me deje hacerlo más a menudo.
Besos

Antony Sampayo dijo...

Hola, Pherro.

Otro más de tus increíbles inventos literarios, donde mezclas todo tipos de figuras; la voz que ruge con vos de hombre pero con alma de niña, la que habla tanto pero no se le entiende; y terminas mencionando como un nacimiento. Te admiro amigo, por el léxico que luces.

Abrazos.

Pherro dijo...

Date tiempo para compartirlo con los que nos gusta leerte Rosa.

Eso hacemos Antony, intentando nacer en cada palabra.

Salu-dos, muchas gracias por estar aquí.
Cuídense, que les vaya siempre muy bien, luego nos leemos.