jueves, 24 de noviembre de 2011


Ella le preguntó a dónde iba,
al verlo salir.
Él no alcanzo a escuchar,
lo que le quiso decir.
Su ánimo violentado,
lo llevó afuera, para
adentrarse en sí mismo.

Ella lo maldice,
mientras lo ve irse.

Aborda la vía rápida,
esa de carga ligera,
atrayentemente peligrosa,
bajadas en picada,
curvas sinuosas,
fuerza centrifuga,
lo alejan de la razón.

Ella se inquieta
al sentirse sola.

Corre sobre el borde,
la ira se desborda,
el miedo ya no le estorba,
furioso su visión se deforma,
lo llaman las sombras,
se encuentra con ellas,
intentando cruzar la pared;
en un momento de lucidez,
consciente de su estupidez,
experimenta la ingravidez.  

Ella quiere ir a buscarlo,
aunque lo sabe perdido.

Hay tierra en sus pestañas,
dolor abriéndole las entrañas,
silencio que le amordaza con saña,
un recuerdo dulce, de sangre el sabor
y el poder sentirse, perdido por error,
mas descubre que en la oscuridad
no existe más el horror.

Ella lo espera,
a la mitad de todo.

5 comentarios:

Crónicas Urbanas dijo...

Hola Pherro:

Qué texto de amor, confusión y contrapuntos en las palabras adecuadas.

Describirlo en prosa sería todo un desafío: qué decir de tus versos.

No hay porqué correr, siempre alguien nos espera, no tengo dudas.

Saludos, amigo.
D.

la MaLquEridA dijo...

No estará perdido mientras no esté muerto.

Antony Sampayo dijo...

La terrible oscuridad a la que quedó sometido es causa del salir de casa enfurecido, más su esposa arrepentida del haberlo provocado ahora afligida lo ve tullido.

Abrazos.

Pherro dijo...

Por eso hay que correr, porque alguien nos espera; no sea que se desespere y se vaya, Crónicas.

Se perdió de está vida, porque sí murió, Malque.

Lo ve solamente en sus recuerdos, Antony.

Gracias a ustresdes por venir a leer y comentar, lo aprecio de verdad.
Cuídense, que estén muy bien y les vaya de lo mejor, luego nos leemos.

Crónicas Urbanas dijo...

Qué buena respuesta, já.
Saludos.